Una mañana como hoy, hace siete años, España se despertaba de luto. Nos dejaba Antonio Vega (1957-2009), uno de los más grandes compositores de la música española del último siglo –y eso que los tenemos buenos–. Sus versos cargados de musicalidad, sus melodías desbordantes de poesía y sus guitarras llenas de lirismo, han acompañado a muchos amantes de la música que un buen día se cruzaron con una de sus canciones e intuyeron que escondía algo especial, algo que pocos músicos logran transmitir.

Antonio, emblema del pop español ochentero desde que salió a la luz La chica de ayer de su primer grupo ‘Nacha Pop’, fue un gran poeta y cantautor. Cantó al amor y al desamor, a la alegría y a la tristeza, a la luna y a las estrellas, al océano y al sol, al abismo y a la montaña, a ángeles y a gigantes, al chaval y al anciano, a la mujer y al caballo, al ser mundano y al poder divino, a sus héroes y heroínas, a sus miedos y a sus pasiones, a los sueños y a las pesadillas, a los demás y a sí mismo, a la luz y a la noche oscura, a la quietud y a la locura, al infinito y a la nostalgia, a sus más profundos deseos y a la impotencia que todos hemos sentido alguna vez ante nuestro abismo interior. Cantó, en definitiva, a ese grito que nacía de lo más hondo de su ser, esas notas únicas e irrepetibles que, como un pedal de bajo en ostinato, sonaban de manera constante en su corazón. Y así, cantando a su corazón, llegó al corazón de muchos de nosotros, tocando y haciendo vibrar esas cuerdas recónditas que desatan en nuestro interior un mar infinito de emociones.

«Y yo en la encrucijada busco la respuesta a un por qué. Busco el camino infinito, el que va desde el nueve al diez», Caminos infinitos, del álbum 3000 Noches con Marga (2005).

Son muchos los temas de Antonio que han llenado míticas salas madrileñas como El Penta, Galileo Galilei o Clamores y que ahora resuenan en mi cabeza. Desde los conocidísimos –y quizá por ello un tanto viciados, desgraciadamente– Lucha de gigantes, La chica de ayer, Se dejaba llevar y El sitio de mi recreo, hasta otros que la historia ha querido reservar, como joyas de museo que conviene no manosear, para un público quizá más escogido: Tesoros, Desordenada habitación, Una décima de segundo, Elixir de juventud, No me iré mañana, Me quedo contigo, Háblame a los ojos, 3000 Noches con Marga –desgarrador disco dedicado en 2005 a Marga, su segunda mujer, fallecida en 2004–, Ángel caído, Océano de sol, Ángel de Orión, Pasa el otoño, Lo mejor de nuestra vida, Esperando nada, Anatomía de una ola, Murmullo de tus manos, Ansiedad, Tuve que correr, La última montaña, A trabajos forzados, San Antonio, La carretera, Hoy daría yo mi vida, Caminos infinitos, Entre tú y yo, Agua de río y un largo etcétera.

malvarrosa
«Nada dura para siempre; pero para siempre dije adiós a ayer», Para bien o para mal, del álbum De un lugar perdido (2001).

Toda una vida escrita en verso, en forma de arpegios y punteos de guitarra. La vida de ese chico inquieto de pelo rebelde y ojos tristes –a quien injustamente han tildado de “triste y solitario”– que hubiera querido viajar al espacio en busca de la felicidad y a quien el mundo se le quedaba demasiado pequeño. La historia de ese maestro de la guitarra cuya sensibilidad poética sin parangón y cuyas canciones de corte intimista llenas de fuerza, heridas, deseos y abismos han atraído la atención de tantos corazones inquietos como el suyo. La vida de ese genio que vivió deprisa, obsesionándose con unas cosas y desinteresándose por otras, exprimiendo hasta el fondo todo aquello que le aportaba algo, incluidas las drogas que le acompañaron a lo largo de toda su carrera como artista. «Si eres una persona con su talento y su sensibilidad, te puedes enamorar del caballo. Es algo que también te da, no sólo te quita», comenta su biógrafo, Bosco Ussía. Encontró en ellas, quizá, lo que hubiese querido hallar en la infinitud del universo o en lo profundo del mar: «Y yo en la encrucijada busco la respuesta a un por qué. Busco el camino infinito, el que va desde el nueve al diez». A cambio, encontró la heroína. Una heroína para nuestro héroe. No suena del todo mal.

Eterno Antonio.

Publicado originalmente en el periódico SAMIZDAT. Crónica de una vida nueva